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miércoles, 23 de febrero de 2011

La disidencia sexual puede ser revolucionaria

Entrevista a Sayak Valencia, ensayista y poeta, autora de ‘Capitalismo gore’


“La disidencia sexual puede ser revolucionaria”

En su último ensayo, ‘Capitalismo gore’ (editorial melusina, barcelona, 2010), Sayak Valencia (Tijuana, México, 2010) se acerca a los límites del sistema: la muerte como industria, como medio de producción económica para satisfacer las demandas de hiperconsumo. Una película de terror de serie b, sangrienta y macabra, que tiene como escenario más conocido el México fronterizo y como protagonistas a sicarios, proletariados del narco, explotadores sexuales y asesinos.


Publicada en: ROJOYNEGRO 


En  síntesis,  ¿qué  es  el  ‘capitalismo gore’?
‘Capitalismo gore’ es un término que acuño, basándome en las películas sangrientas de serie b, para denominar al capitalismo que se da en el espacio geopolítico de méxico -aunque no sólo se produce allí- y que es el capitalismo del narcotráfico, de la rentabilización de la muerte y de la construcción sexista del género.

Siguiendo con la metáfora, ¿esa película de ‘capitalismo gore’ se proyecta  en  México  pero  se  escribe y dirige desde las élites del Primer Mundo?
Así es. Aunque se proyecte también en lugares del Primer mundo, lo cierto es que no se produce de una forma tan espectacularizada como en México, tan gore y bizarra, tan truculenta y explícita. Pero el ‘capitalismo gore’ incide en los cuerpos del Primer mundo a través de la precarización económica que lleva a una precarización existencial y corporal y produce enfermedades y otro tipo de violencia, quizás no tan explícita pero igual de devastadora que la de México.

En su ensayo habla de la muerte como industria, el necroempoderamiento,  las  necroprácticas.¿Eran las últimas barreras que le quedaban al capitalismo?
La violencia nos ha acompañado a lo largo de la historia, pero lo novedoso y distópico, entendiendo este término como indeseable, es la utilización de la muerte para el empoderamiento. En el México fronterizo, la gente no puede conseguir dinero para satisfacer las demandas de hiperconsumo bombardeadas desde los medios. Entonces se empoderan con la muerte, producen violencia y el cuerpo se vuelve una mercancía, tanto el de otras personas como el propio. Son el proletariado ‘gore’: sicarios, gente que se encarga del trabajo sucio de los cárteles de la droga, de su seguridad… son personas muy jóvenes. Se da el caso de uno que empezó con 11 años.

En ‘Capitalismo gore’ se refiere a ellos con un término muy literario: endriagos.
Es un nombre que extraje de un personaje de ‘amadis de Gaula’, la novela de caballería del siglo XVI, y que representa al mal, a la deformidad y la monstruosidad, frente a amadis que es el sujeto pertinente, blanco y sin fisuras. En la novela, ese personaje, endriago, es una supermetáfora de la colonización. Incluso el territorio en el que vive, desértico y peligroso, es muy parecido al México fronterizo. Los endriagos actuales no han sido descolonizados. De hecho, Latinoamérica no ha sido descolonizada.  Seguimos siendo internamente xenófobos y racistas con nuestros propios indígenas o con el mestizo. Hay una continuidad en las lógicas coloniales.

¿El endriago es también una víctima?
No me gusta hablar de víctimas y verdugos, ese es el discurso que nos venden los medios de comunicación.
La realidad es más compleja. El endriago es un producto de las demandas del neoliberalismo feroz que se vuelve un cóctel explosivo cuando lo atraviesas con las demandas de género de la masculinidad hegemónica: desprecio a la vida de los demás, a tu propia vida, demostración de fuerza o valor a través de la violencia hacia las mujeres o hacia los otros. La figura del hombre proveedor se ha desestructurado pero continúa la  demanda de tener dinero para ser válido, para estar a la altura de las circunstancias. Es un cóctel entre hiperindividualismo, hiperconsumismo, construcción machista del género masculino y tráfico de drogas.

Usted  habla  de  resemantizar  elcuerpo, devolverle su significado. ¿Cómo conseguirlo?
Partiendo de la empatía. Todos hemos sido lastimados o hemos sentido dolor y vulnerabilidad, no necesariamente un dolor físico. Hay que recurrir a ese espacio de dolor para saber cómo se siente el otro y por qué es importante la muerte de los demás.
A partir de esa idea de conservación del cuerpo podemos trabajar, ejercer nuestro derecho ciudadano a exigir a los gobiernos de nuestras pseudodemocracias y a los gobiernos fascistas que no utilicen nuestros impuestos para financiar las guerras o el cultivo de drogas. Se trata de que la responsabilidad ética e individual se vuelva colectiva. Que se diga: me gusta vivir, me gusta estar viva, y partir de la propia herida se haga comunidad con el otro.

Usted se define como transfeminista.
Desde mi adolescencia me considero feminista y llegó un momento en que sentía que el feminismo era un movimiento social que no sólo tenía que incluir a los cuerpos determinados biológicamente como mujeres. Las mujeres podemos ser comunistas, socialistas, izquierdistas… Pero cuando planteábamos que los hombres podían ser feministas nos decían que no, porque eran hombres y no mujeres. Lo que hace el transfeminismo es desarticular la idea de lo biológico como una condición necesaria para poder participar del feminismo. El transfeminismo incluye las identidades transgénero, pero también lo transfronterizo, los movimientos de disidencia sexual, los movimientos LGTB, el Queer…, todos estas corrientes que han seguido vivas a pesar de la represión y de tenerlo todo en contra.

¿Es el transfeminismo un arma de lucha contra el capitalismo?
Las personas que no somos heterosexuales o que nos desinscribimos de la heterosexualidad, más allá de nuestras prácticas sexuales, como una desobediencia a un sistema heteropensante que incluye el capitalismo y un montón de ‘ismos’ que se vinculan con lo más fascista, hemos tenido que sortear mucha violencia.
Aunque han asesinado a muchas personas, nunca la desobediencia sexual se ha convertido en desobediencia armada o violenta. Me interesa mucho desestigmatizar los movimientos de disidencia sexual y verlos como una posibilidad revolucionaria, algo que nunca se ha considerado. Pero es sólo una posibilidad, no una panacea.

¿Los movimientos  tradicionales de izquierda tienen que reformularse  para  no  fracasar, incluyendo perspectivas transfeministas?
No pienso en términos de fracaso o éxito porque es un lenguaje continuista con las lógicas del capital.
Todos los movimientos tienen que revisarse, ser autocríticos y hacer alianzas para no convertirse en espacios de dogma absoluto. El diálogo siempre nutre a los espacios. La izquierda tiene que expandirse hacia otros lugares también de izquierda y disidencia y hacer propuestas distintas. Propuestas no tanto innovadoras, sino más cercanas al contexto contemporáneo. Y lo que por supuesto le pido siempre a la izquierda es que se quite la homofobia y el machismo.
Son las antípodas de la izquierda. No puedes luchar contra una opresión y dejar a las demás intactas.

Texto: Alejandro Fierro

domingo, 18 de julio de 2010

EN EL REVERSO EXACTO, TODOS SOMOS TRANSTEXTUALES






Por ÓSCAR DAVID LÓPEZ / AGOSTO 13, 2007

Soy vertical
Pero preferiría ser horizontal
SYLVIA PLATH




Si el deseo, como afirma Lacan, pertenece al reino de lo simbólico donde el sujeto aprende el lenguaje a partir de una falta o una ausencia, entonces quien nombra, quien habla, quien escribe, quien le da vuelta al texto o lo rompe o lo escupe o lo defeca es alguien que está deseando pero ¿qué?, ¿cuál es el objeto del deseo? El reverso exacto del texto, segundo libro de poemas de Margarita-Sayak Valencia Triana, nos nombra seis posibles piezas (mediante ese mismo número de apartados) que se embonan en la búsqueda de un deseo que, no es otro, sino el del lenguaje y su aprehensión y liberación.

La escritura, el arte, la performance, son mutaciones, son comuniones, en este caso, del cuerpo psíquico del artista. El discurso poético debe ser un efecto trasgresor para el idioma de las calles, de la historia, del testimonio. Valencia Triana lo sabe, y por eso, apuesta por un libro donde el lenguaje a su vez apuesta por sí mismo. Muy cercana al poema Hermandad de Octavio Paz, la voz poética nos dice:

Mientras escribo
Alguien también,
me escribe escribiendo.


En este primer apartado llamado El lenguaje es una bala, la ausencia es un reclamo al tiempo, una presencia que todo lo opaca, que flota y sobrevive al deceso. Para la poeta, el lenguaje es un arma con la cual se juega a la ruleta del querer-decir donde se busca nombrar aquello que se tiene pero que se echa en falta,aquí puede ser Tokio o el Texto, para fines geográficos el goce está en la boca, el lo que se dice:

Esta ciudad es de cielos apocalípticos.
Esta ciudad recuerda a los atardeceres frente al Nilo.
Esta ciudad no tiene nombre o éste se ignora.

La voz en off dice: Esto es Tokio.
La voz se equivoca.

Aquí no es Tokio.
Aquí no es ningún sitio.
Aquí es Aquí
Aquí es el Texto.

Aquí es.


Como decía, el goce es el leitmotiv que se discurre por las páginas en el afán de conseguir algo, tal vez un nombre, un artículo, un punto impronunciable. Sin embargo, la escritura es un deporte de alto riesgo símil de alta fiesta:

El lenguaje que corre por mis venas
es jugar a la ruleta rusa
con una pistola automática.


El encuentro con el otro, sea el mundo o sea el rival, es un profundo túnel hacia lo recóndito de una diosa de aparador, de escritorio, de jardín, creada en muchas otras representaciones, según sea el gusto y el deseo particular.

Dice Jean Baudrillard que actualmente todos somos transexuales porque hemos crecido con el deseo de recrear nuestros cuerpos con la imagen ideal representada por los paradigmas extremos del macho muy macho, de la mujer muy mujer, del maricón muy maricón, sin embargo, hemos caído en la búsqueda absurda por definirnos en sobremanera que cada uno ha dado su salto individual por alcanzar su autenticidad que al volver a tocar tierra nos hemos dado cuenta que en ese brinco hemos adoptado prótesis símiles a las de muchos otros.

En palabras de Baudrillard, lo transexual reposa en el artificio, ya sea el anatómico de cambiar de sexo o el juego de los signos indumentarios, morfológicos o gestuales característicos de los travestis. En palabras de Sayak:

Este es el regreso a la identidad.
El regreso con los brazos abiertos hacia mí misma.
El milimétrico surco,
La carne excavada,
El goce de volver a ser lo atroz que el tiempo creó.


En esa búsqueda por la identidad y por diferenciarnos del otro, la voz poética nos afirma que hemos conseguido el otro lado, lo trans, del propio deseo: no ser diferentes sino ambiguos e indiferentes. Curiosamente aquí parece no aplicarse esa máxima de que el deseo al cumplirse se pierde porque en los transexuales, al igual que en algunos versos de Valencia Triana, esa forma es la protección del discurso, de la melodía, del ponerse unos tacones y una barba y salir al escenario con micrófono en mano para cumplir un deseo interminable con el reverso del lenguaje.

Ser uno mismo, dice Baudrillard, se ha vuelto una performancedonde el look es una forma superada de la moda. O como dice La agrado en Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar: una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma. O como Sayak nos dice:

Soy la de púas-en-la-voz
La no-doy
La tampoco-fío
La no-pido-permiso
La reflexiva-y-sin-reveses
La que va-a-donde-sea
La que No-Se-Calla
La Yo-Misma.


La androginia, el travestismo, la transexualidad, han logrado vencer las prohibiciones eternas del deseo, del placer, de las formas que nos delimitaban una frontera que advertía que después del cruce no habría regreso. Los textos de Sayak son fronteras abiertas para su exploración. Por ejemplo, ¿ustedes creen que para tratar con esta libertad a Lacan, yo soy psicoanalista? Pies no, pero me acosté con uno, con una, con uno, con una. ¿Cuántos fueron? Ahora las prohibiciones nos indican sus goces, como lo he dicho, el gozo es el leitmotiv del canto:

Me gustan los hombres
Con caras de muñequitas de porcelana
Con cuerpos tan delgados como alfileres
Con ojos espléndidos, brillantes, hundidos y ungidos.
Me gustan los hombres que parecen mujeres
Y las mujeres altas, mujeres-mujeres.


En esos versos encontramos la espina dorsal de la poética de Valencia Triana. El amor es una solicitud, no de empleo, sino de carencia. El amor, dice Lacan, es dar lo que no se tiene a alguien que no lo necesita. Sin embargo, la poeta escribe cartas, declaraciones, se sienta a esperar, hasta que el abismo y entonces nos cuenta:

Solicito:
Mujer Cerebral.
Abstenerse aquellas
con tendencia cervical, servicial.


Estos versos casi escritos como un silogismo sólo se pueden traducir por medio de una exploración con lupa al texto poético, a su fondo, a lo connotado. Si somos capaces de trasvasarnos en la poesía de Valencia Triana, podremos correr en su misma versificación, esa donde el yo poético es un ente transtexual.

Aquel que camina de un lado a otro,
es el hombre más valiente del mundo,
se atreve a desplegarse y perderse.


Y se preguntan ¿por qué un ente transtextual? El discurso poético de Sayak cruza los géneros, los literarios y de cualquier otro tipo, ataca en el blanco de la poesía hueca, melosa, fácil y aparentemente libre pero que sólo oculta sus propios atenuantes y deseos. Sayak profetiza:

Ser una mujer border es muy fácil,
A menos que te pase a ti.


Entonces, el texto que era ajeno, ahora ha cruzado porque somos nosotros los puestos en duda, no importa que la poeta se refiera a una “mujer”, todos podemos ser el sujeto, estos textos son transexuales, trantextuales. El reverso exacto del texto es una indagatoria poética, concisa, de pulsión honesta, donde nos enfrentamos con poemas simbólicamente barrocos que están llenos de un erotismo cuyo look oculta una determinación genérica capaz de dominar el imaginario del epistema del yo que se basa en cruzar las líneas de lo sexual y de lo textual, logrando con ello poemas que irradian vitalidad.

Una vez realizada la lectura de El reverso exacto del texto (una lectura quizá infinita, abierta en posibilidades de retomar y rearticular estos versos), la liberación de los poemas ofrecerá “una sensación en la mente del lector” que lo pondrá en busca de su “texto”, de su identidad poética y textual, mismas cada vez más alejadas del mito en el cual la poesía es una barrera y nunca una catapulta:

Pienso en poemas que disparan.
Pienso en pistolas.


El regalo más grande para nosotros que somos los lectores de este libro es una amalgama formada por la multiplicidad de registros, la voz clara y sin embargo indefinida, la imagen del goce endémico y la certeza de que Valencia Triana está de nuestro lado, enfrente, encima, al otro lado, a través de nosotros, sitiada en la posición del deseo, que como deseosa ocupa ese mismo lugar donde la alteridad busca su traslado, su translucidez, su transgénero, y sin embargo, descubrimos que El reverso exacto del texto es un placer entre varios, único, el inter de y hacia lo Otro:

Cuando le clavé el cuchillo en la mano le dije:
¿Verdad que se siente como humo entrando en los ojos?



El libro se puede encontrar en la librería CONARTE, ubicada en el Museo Metropolitano de Monterrey.

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Margarita-Sayak Valencia Triana, El reverso exacto del texto, Centurea Negra Ediciones, 2007